cuando no hay distancia

Hay momentos donde no deseas nada.

No porque todo esté resuelto.
No porque estés satisfecho.
No porque tengas certeza.

Simplemente no hay distancia.

Lo que eres
y lo que haces
son lo mismo.

No hay ajuste.
No hay espera.
No hay negociación interna.

Coinciden.

No es euforia.

Es más limpio que eso.
Más silencioso.
Más directo.

Aparece cuando dejas de forzar claridad.

La intención no desaparece.

Pero deja de empujar.

Ya no viene desde la falta.
Ya no intenta cerrar una brecha.

Se mueve sola.

Luego aparece el impulso de hacer algo con eso.

Nombrarlo.
Explicarlo.
Sostenerlo.
Repetirlo.

Y ahí se rompe.

Vuelve la distancia.

No hay que hacer mucho.

Solo notar
cuando no hay distancia

y no intentar capturarlo.

No dura.

Pero mientras está,

nada falta.
nada llama.
nada empuja.

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la pausa después del final